lunes, 27 de noviembre de 2017
LUZ NARANJA
Salió del hotel donde le había dejado. No pasó la noche con él. Pasar la noche significaba compromiso. Necesitaba sentirse libre, por lo menos de momento. Sacó el coche por la rampa del parking. Llovia una lluvia fina como un aerosol. Calles húmedas sin charcos reflejaban las luces de los semáforos.Madrugada en una ciudad entresemana. Calles vacías salvo vehículos de policía o basureros. Era agradable despues de la tristeza de una despedida sin adiós sentir el aire fresco colarse por la ventana. La ciudad se muestra distinta con las luces led en la oscuridad. Sin tráfico en diez minutos estaría en casa. Pero no quiere llegar a casa. Todavía. Necesita sentirse libre un poco más. Más aire. Más tiempo antres de llegar a casa. SE había ido. No se arrepentía. Nunca lo hacía de sus decisiones.Siempre reflexionaba cada gesto y cada palabra. Controlaba todo lo que se pudiera controlar y lo intentaba con lo incontrolable. Déjate llevar le había dicho él. la hoja al viento. Deja algo al azar. Te perderás cosas con tu rigidez. Era la hora en quemuchos semáforos cambiaban de color. El ámbar quedaba intermitente por unas horas en los cruces menos peligrosos. Seguir el ámbar.Iba a ensayar con el azar. Así podría distraerse de sus pensamientos. Las gotas como puntas de alfiler se intercalaron en el parabrisas con otras más gruesas. Al final de la avenida un semáforo en rojo. En en siguiente cruce a la derecha ámbar. Giró. Dos hombres rebuscaban en el interior de un contenedor de basura. Ralentizó la marcha al pasar junto a ellos. Uno se acercó pensando que andaba perdida, pero ella temió que a esas horas fueran a asaltarla y aceleró. El hombre, que se había apoyado en el marco de la luna. Se trastabilló y tuvo que afirmarse al contenedor para no caer, le lanzó una naranja podrida que se estrelló en la luna trasera. Un semáforo en rojo. A la izquierda ambar. Giró. Miró por el retrovisor temiendo que la siguieses. Los dos hombres seguían en el contenedor. SE había sobresaltado. El corazón palpitaba en su pecho, sudaba ligeramente aunque la temperatura era fresca. Había olvidado sus pensamientos. Las luces ambar. Una tras otraiban a ser su guia. El control. Lo dejaría. Delegaría en los led de color naranja la elección de su destino. Él lo habia propuesto auque no estaba tan segura que sus elecciones fuesen tan azarosas como le manifestaba. El azar. Las decisiones. El deber y las dudas. El premio o el logro. La lluvia arrecia.. El asfalto hieve de gotas que se estrellan.Quédate. Por favor quedate conmigo, le había dicho. Pero desayuna con alguien después de haber dormido con él y tendrás un contrato.Ella había decidido no firmarlo de momento. Era una buena decisión. Ambar a la izquierda. No conocía esos barrios. Lluvia fina. Un stop se detiene. saca la mano por la ventanilla para recoger algunas gotas pequeñas y heladas.El paseo le estaba resultadno grato. Sin destino. Sin trayectoria. Sólo disfrutar de los instantes y los lugare. Se alegraba de la decisión de marcharse. Se sentía libre. Salir y probar el azar. La lluvia. El sobresalto. Se sentía bien. Un semáforo en rojo. A la izquierda en ambar. A la izquierda. Al fondo. El hotel del quehabía salido. Enfrente la rampa del parking. No dijo nada. NO pensó nada. Pulsó sacó el tiket. Bajó dos plantas y aparcó en las misma plaza de la quehabí partido. Cerró el coche. Se dirigió al ascensor. Segunda planta. Habitación 21. Sacó de su cartera la llave magnética que iba a conservar. Abrió la puerta. Encendió la luz. El se sorprendió al verla llegar y cuando de nuevo se introdujo debajo de sus sábanas
AÑORANZA
Creo que son dos años. No estoy del todo seguro. La noción del tiempo es secundaria cuando los días se amontonan sin orden sin posibilidad de hacer distinción entre uno y otro. Muchos. Demasiados. Cien veces demasiados. Los primeros vivías la desesperación de sentir cada día como el último. Algunos salieron y no volvieron. Después deseabas ser tú el que salía para no volver. Evitar así la tortura del tiempo que se desgrana en un espacio tan limitado gota a gota. Al principio. DEspués nada. Calor si hacía frío. Comida si tenía hambre. Agua si sed. El pasado y el presente adheridos. El futuro convertido en espacios infinitesimales de un presente con el único rumbo de un barco encallado en un banco de arena de este desierto. Dos años. Mäs o menos. Soy un ser humano. Tengo que repetirmelo de vez en cuando , un ser humano, una persona, no una cabra, ni una piedra ni una hogaza de pan. siempre llevé una foto tuya conmigo. Mi amuleto. Esta vez me falló. Me dijiste que si la llevaba siempre me traería suerte. Me falló. Pero la conservé. Te conservé escondia junto a mi cuerpo en el único bolsillo de mis calzoncillos. Hasta que decidieron despiojarnos con polvo desinfectanete y agua a presión. Te deshiciste en jirones.Desde entonces te convertiste en un recuerdo. Estático. Tan carente de vida como yo. Cerraba los ojos y trataba de recordar cada uno de tus rasgos de forma sistemática: el pelo, la frente, las cejas, los ojos, la nariz, los pómulos. el hoyuelo de tu barbilla. Pero cuando incluso se te priva de las luz del sol el recuerdo exacto es una quimera. Trataba de ser sistemático, hacer el recuento de las partes que había fragmentado en la memoria, continuamnete tenía que volver atrás ante la ausencia del recuerdo de alguna o de varias de ellas. Ya no sé cómo eras. Recuerdo una sombra. Sin voz. Sin detalle salvo el hoyuelo de tu barbilla. Aun así. sin rasgos, esa silueta ha ayudado a seguir vivo a lo que de ser humano queda en mi. Hoy se han oido combates. Disparos cercanos de artillería. La onda expansiva de los obuses ha llegado a agitar las paredes de mi cárcel. En cualquier momento el fuego amigo nos hará estallar en pedazos diminutos, un aerosol rojizo de huesos y carne. Mi cerebro ya estalló con el miedo primero y después con el aburrimiento. Una patada a la puerta. Me cobijo. Un soldado. americano. Me dice que no tenga miedo. Casi no oigo. Casi no comprendo lo que dice. Dos años sin hablar más que en sueños. Escuchando las mismas palabras simples de mis captores. Me dice que soy libre. Que me han rescatado. Que un helicóptero viene a por nostros. Vuelvo a casa. A casa. Vuelvo. ¿Por fin?.
Todos hablan muy fuerte. Me hablan despacio. Empiezo de nuevo a comprender. En el campamento me presentan a los medios. No dos sino tres años de captura. Los periodistas insisten en preguntarme. Sin orden. El general les explica que estoy bajo el estrés postraumático. No deben atosigarme. El muchacho , así lo dice sólo quiere llegar a casa. Intento sonreír, pero sólo siento miedo antes los focos que me deslumbran después de tiempos de oscuridad y silencio. Mañana vuelo a casa. Primero el presidente. Un avión y la visita al gobernador del estado. Allí estará mi mujer. Tengo un hijo, no recordaba tener hijos. Ella creía que yo había muerto. Me gustaría saber cómo es mi mujer. Su voz, el tacto de sus manos. su mirada. El color de sus ojos.
Estoy cansado. Bajo del avión. Llego a casa. No recuerdo donde estaba mi casa. Las banderas ondean. Llueve. Desde la multitud se acercan una mujer y un niño bajo los paraguas. Ella llora. El niño me mira aterrrado. Mi mujer y mi hijo. No la reconozco. Me abraza y me besa. Se gira y saluda, sin dejar de abrazarme por la cintura, a la multitud. Oigo mi nombre. Lo corean. Miro al niño que me mira serio. Le tiendo la mano y la atrapa. No siento calor. Mi mujer me mira y me besa. Le cojo la cara entre mis manos. No tiene el hoyuelo en el mentón.
Una casa de las afueras con porche y jardín. ¿donde están mis fotos? Cariño. Pensamos que habías muerto y las subimos al desván. Quiero verlas. Un tornado se llevó el tejado y desaparecieron nuestras fotos. ¿Y el hoyuelo de tu barbilla? . ¿Mi barbilla nunca tuvo un hoyuelo querido? Ella no es mi mujer lo sé. Mañana celebramos Acción de Gracias"
Todos hablan muy fuerte. Me hablan despacio. Empiezo de nuevo a comprender. En el campamento me presentan a los medios. No dos sino tres años de captura. Los periodistas insisten en preguntarme. Sin orden. El general les explica que estoy bajo el estrés postraumático. No deben atosigarme. El muchacho , así lo dice sólo quiere llegar a casa. Intento sonreír, pero sólo siento miedo antes los focos que me deslumbran después de tiempos de oscuridad y silencio. Mañana vuelo a casa. Primero el presidente. Un avión y la visita al gobernador del estado. Allí estará mi mujer. Tengo un hijo, no recordaba tener hijos. Ella creía que yo había muerto. Me gustaría saber cómo es mi mujer. Su voz, el tacto de sus manos. su mirada. El color de sus ojos.
Estoy cansado. Bajo del avión. Llego a casa. No recuerdo donde estaba mi casa. Las banderas ondean. Llueve. Desde la multitud se acercan una mujer y un niño bajo los paraguas. Ella llora. El niño me mira aterrrado. Mi mujer y mi hijo. No la reconozco. Me abraza y me besa. Se gira y saluda, sin dejar de abrazarme por la cintura, a la multitud. Oigo mi nombre. Lo corean. Miro al niño que me mira serio. Le tiendo la mano y la atrapa. No siento calor. Mi mujer me mira y me besa. Le cojo la cara entre mis manos. No tiene el hoyuelo en el mentón.
Una casa de las afueras con porche y jardín. ¿donde están mis fotos? Cariño. Pensamos que habías muerto y las subimos al desván. Quiero verlas. Un tornado se llevó el tejado y desaparecieron nuestras fotos. ¿Y el hoyuelo de tu barbilla? . ¿Mi barbilla nunca tuvo un hoyuelo querido? Ella no es mi mujer lo sé. Mañana celebramos Acción de Gracias"
sábado, 25 de noviembre de 2017
SABORES anemia 5ª temporada 3ª entregaa
Quizá los testigos de Jehová tienen razón. La sangre no es sólo un transportador de oxígeno, nutrientes y defensas a los distintos tejidos. No es sólo un órgano o un tejido. Es algo más. La sangre se impregna de los sentimientos, de las pasiones, de los deseos, de las creencias de los anhelos que otros llaman alma. Para un vampiro, esos matices se convierten en un bouquet, un aderezo, una sazón que hace que la libación de una yugular sea un placer o simplemente un sustento necesario para permanecer eterno. Quizás había sido mala suerte, una racha desfavorable, pero las últimas semanas, la sangre a Vlad le había sabido insípida. Grandes expectativas en los vuelos, los acechos o los acosos y decepciones enormes de sangres desabridas sin sentimiento, sangres pútridas de zombis sin contenido. Los humanos deleitándose con estrellas michelín con programas de televisión con chefs profesionales o aficionados, niños o adultos, con mil y una delicadezas y él, un todopoderoso, con una dieta cada vez más desabrida. El paladar sutil de un vampiro capaz de diferenciar matices de trazas de sustancias, de sentir el sabor dulce melifluo de la sangre enamorada, el áspero de la venganza, el acre de después del amor apasionado, el amargo de la tristeza, el toque efervescente del deseo, y su favorito, el más egregio de los sabores con un toque de nuez moscada, un punto cítrico del jejibre, regusto a frutos rojos, en una confitura de mora y pétalos de rosa el sabor de la melancolía. Esa era la sangre que anhelaba. El sabor delicado de la melnacolía sí. Quizás las otras no eran sangres zombis sino que su paladar se negaba a apreciar sabores distintos del que apetecía. Cuando vives la eternidad tus sentidos a veces tienen esos caprichos. Eso es lo que buscaba. Esta noche preferiría volver y ayunar aunque envejeciese treinta años en un día a tomar otro sorbo insípido. Cuentan que alguien lo vio volar poco después de la media noche alrededor del Cristo de Monteagudo. Sobrevoló centros comerciales, teatros, cines paseos y bulevares. Se acercó a la costa los puertos, los espigones y los malecones casi desiertos. Volvió al interior. Cruzó la cordillera. La Cresta del Gallo, el Garruchal y el Miravete. Torreagüera y muy cerca de allí Beniaján. Descendió. El olfato le llevó a una casa conocida. Un dúplex alrededor de una zona ajardinada. El olor familiar. El lugar conocido. Quiso convecencerse que le llevaban lo sentídos agudos del vampiro más que los deseos ocultos de las trazas de hombre diluidas en los restos de su sangre prestada. Se posó en el suelo protegido por las sombras. Una voz conocida, la ameba, el hombre insípido que la acompañaba. Lejos, muy lejos a años luz de su altura. Olfateó con la nariz del lobo y olió en la sangre la melancolía. Escuchó su silencio. Escudriñó en un rincón y vio su mirada perdida. Él hablaba. No paraba de hablar mientras los ojos de ella, de Santi, la cazavampiros dibujaban el círculo de la Luna llena. La excitación de Vlad era irresistible. Caminó por la calle trasera y saltó la tapia. Escaló al terrado. Desde allí la vio dando la espalda a su acompañanate. En su mano un Martini con un hielo y dos aceitunas. La vio sorber con delectación. Vio una honda melancolía en el gesto. Olió el sabor que quería degustar. Se abalanzó sobre el hombre al que derribó. Quedó en el suelo conmocionado. La alcanzó en la yugular. Sorbió un sorbo sutil. Santi se ladeó, sacó una estaca de la mesa y trató de ensartar a Vlad. Rodó. Intentó pincharle otra vez. Pero se escapó. El sorbo sutil le había llenado de energía. Se elevó en el cielo estrellado. Relamíéndose una gota que se deslizaba. la vio tocarse las dos pequeñas heridas. La vio acariciar con el índice el punto donde él le había mordido. La ameba se acercó a auxiliarla. Ella lo rechazó, y siguío con el masaje mientras él daba vueltas en el cielo. Alta cocina. SAbor intenso en pequeñas cantidades. Un éxtasis de sabor, una recompensa de muchas decepciones. Desde arriba sonrió. Le hizo un gesto. Ella le devolvió el saludo con la mano. Se marchó. Ella despidió a su visitante y se acostó. Si Vlad hubiese olido, de su sangre había desaprecido el bouquet de la melancolía.
viernes, 24 de noviembre de 2017
EL MUNDO DE AST
Siempre he tenido una extraña relación con las puertas automáticas. No sé si porque camino muy deprisa o porque las abordo de forma lateral, pero con frecuencia tengo que frenarme con riesgo de golpearme. Más de una vez me he golpeado. Alguna incluso he dejado una puerta bloqueada al sacarla de su raíl. Hoy estoy de guardia. En mi hospital La Arrixaca. Un lugar mágico que regala salud a los cuatro puntos cardinales. Algunas veces en la forma de trasplantes, otras no. Si me incomodan las puertas automáticas, también me incomoda tener consulta el día que tengo la guardia. La consulta masiva me hace comenzar la guardia exhausto. Así, después de la sesión clínica de la mañana me he dirigido directo hacia el edifico anejo de las consultas. Respirando hondo. con la mente en blanco del mismo modo que cuando en una carrera llevas cuarenta kilómetros y te quedan otros tantos. No puedes estar más cansado, simplemente te olvidas del cansancio y sigues. Adelante. paso a paso al siguiente objetivo. Me gusta pasar por el pasillo de endoscopias. Así salgo cuarenta metros a la calle antes de volver a entrar. Unas bocanadas de aire fresco. La puerta automática y de nuevo el aire viciado del policlínico. La puerta. Iba despistado por pelos. No me voy a golpear. La abordo frontalmente y más despacio de lo habitual. Extiendo la mano y la puerta no se abre. Sus alas no se despliegan. No puedo parar. Estúpida puerta, voy a chocar otra vez con el hall lleno de gente. Cierro los ojos.He pasado. Ningún dolor. Ningún ruido. Ningún chasquido. Estoy en el interior del edificio. Mi marcha no se ha alterado. Miro a mi alrededor. dondequiera que veo luces, me rodean irisaciones. Otras veces he tenido jaquecas, ver como pixelado en un cuadrante de la mirada antes de empezar con el dolor de cabeza me estresa. Estiro las manos y las irisaciones se mueven. Las levanto y se agitan como una ola. Estoy en una burbuja. Al atravesar la puerta, mi cuerpo ha tenido el efecto de atravesar una superficie jabonosa. Estoy en el interior de una burbuja de cristal o de plástico. Puedo oler el aire de la calle en lugar del acondicionado del interior. La gente me mira pero no se sorprende. Al fondo a la izquierda está mi consulta. Hoy viernes paso yo solo. Saludo a todos. Me saludan. Las voces se escuchan con un ligero eco pero no es difícil adaptarse, los timbres desagradables quedan retenidos en el exterior. Camino despacio. El interior es confortable y no lo quiero desgarrar. Pedro el enfermero del equipo me advierte de pacientes que han llegado sin cita. le digo con el gesto que no importa. Mis movimientos son más lentos casi como si estuviese dentro del agua. Entro a la consulta. Hoy la tres y la dos porque la uno está de reformas. Salgo a llamar a los pacientes. Veo a uno mientras el otro espera. No se extraña de ver a su doctor como si hubiese sido parido en un parto velado con una membrana amniótica íntegra. No se sorprende de los movimientos más lentos, el habla más escandida. Se alegra cuando los resultados de los análisis y las pruebas indican su salud. uno detrás de otro, casos sencillos y casos desesperados, todos recuperan la salud. A Pedro le sorprende que un médico como Ast que cura tan poco haya tenido hoy tanto éxito en curaciones milagrosas y sin un sólo trasplante. A mediodía empiezo a ver que la parte inferior de la bolsa está deteriorada. No quiero romper la magia. Me descalzo para ver a los últimos pacientes. Además en la planta Gonzalo atiende a los ingresados. Tenemos algunos casos desesperados. Me llevo los zapatos en las manos. Camino descalzo. Subo la escalera que comunica con el hospital por el interior pero me doy la vuelta. La puerta automática está en la misma planta. Me dirijo a ella descalzo con los zapatos en la mano. Camino pausado y frontal hacia ella. La puerta. No desliza. NO chasquea. NO cliquea. No me duele. cierro los ojos. La atravieso. Al otro lado siento el viento. Abro los ojos. No hay irisaciones. Me calzo. No hay nada que preservar. Los enfermos en la planta tendrán que conformarse con la ciencia, la magia del mundo de Ast se ha quedado en el policlínico y en el blog. Si lo llego a saber habría dicho que me los bajasen. Pero quien podía suponerlo.
jueves, 23 de noviembre de 2017
LA ULTIMA REGLA
"¿Qué te pasa?" "Estoy que me retuerzo de dolor" "¿Quieres algo?" "Gracias. Es la maldita regla. Me ha bajado y tengo me da unos retortijones queme dobla" "¿Has tomado ibuprofeno?" "Y nolotil y paracetamol y buscapina y nada. Ah" "A los tíos no les pasa"" No. Cabrones. Todo ventajas y de serie, ni siquiera un extra" "Y el humor. Arriba y abajo en cuestión de minutos" "¡Qué gana de tener mi última regla! El sexo que desee sin temor a embarazos y nada de dolor" "Luego vienen los sofocos, los kilos, y también hay alteraciones del humor" "Ese será otro problema, pero no habrá dolor. Ojalá fuese este retortijón la´ultima regla. Por todos los diablos. Me voy a casa.. No puedo más" "Hasta mañana"
Tomó una salva de analgésicos antes de acostarse. Aun así le costó conciliar el sueño más de una hora. De un lado a otro hasta que el sueño superó al dolor y la tristeza. De madrugada el dolor la despertó. Un dolor intenso distinto sin el ritmo espasmódico de las contracciones de la tarde anterior. El dolor se le extendía a la vulva y a los labios. Un dolor pulsátil como si los tuviese inflamados. Se sentía reventar por dentro. Las cuatro. Aunque era pronto tomó otra andanada de analgésicos y las cinco fue la última hora que vio en el despertador. Un nuevo dolor intenso la hizo arquear el cuerpo entre los talones y el occipucio como una poseída. Su bajo vientre parecía querer estallar desde dentro. REspiró. hondo y ritmico y consiguió controlarse. Miró los anal´gesicos pero a penas habían pasado dos horas de los últimos. Podía entrar en dosis tóxicas. Siguió con la respiración. Pronto amanecería, con la luz del día se encontraría mejor. De día, con todo el mundo despierto, incluso el dolor se diluye. Giró de un lado a otro. Se pasó al borde contrario de la cama. notó en el costado que algo se le clavaba. Palpó , tiró de un hilo y de entre las sábanas salió un tampón limpio. No sabía como había podido llegar ahí. Lo dejó en la mesilla para no tener que levantarse. Se acomodó y se durmió. Esta vez durmió plácida. A mediodía se despertó. TEnía que cambiarse el tampón. Tenía que estar empapado el primero era el día mas fuerte. Se levantó con los ojos guiñados, legañosos, no se lavó la cara. Se bajó el pantalón del pijama. Buscó el hilo y no lo encontraba. Se acercó y notó sus genitales terriblemente hinchados. En una vulva tan hinchada que sin embargo no le dolía fue incapaz de encontrarse la vagina. Abrió los ojos miró y vió entre sus piernas un pene enorme y dos testículos. Se restregó los puños por la cara. Se pellizcó para despertar. Estaba despierta y no era un sueño. Tenía entre las piernas lo que había visto. Se palpó la cara:suave. Tocó sus pecho: prominente. Pero su entrepierna por la noche, entre dolores había cambiado. Tenía ganas de orinar, pero no se atrevía a usar su nuevo aparato. Poco a poco relajó y sintió con alivio salir el chorro. Funcionaba. Su metamorfosisnocturna había dado lugar al menos a un órgano operativo. NO tenía nada de dolor y estaba de un humor magnífico. El fin de semana lo pasó en casa familiarizándose con sus nuevas formas. El lunes se levantó para ir a la oficina. Dudó si falda o pantalón. Decidió que falda era una mejor opción con unas braguitas con culotes. Un tanga ni hablar.
Cuando llegí decidió confesar a su amiga lo que le había ocurrido. Como no la creía le pidió que la acompañara al baño y se la enseñó. Quedó estupefacta, insistió que si no le molestaba quería tocarla por si era de pega. Dio fe de la transformación. Le preguntó que qué iba a hacer. Si pensaba operarse o tomar hormonas, aquello debía ser una enfermedad. El hecho de perder la salud la asustó. Acudió a su ginecólogo de siempre que quedó tan sorprendido como ella, pero le aclaró que le seguiría revisando el pecho, pero para aquello, lo mejor era que visitara al urólogo. Y lo hizo. El urólogo no creyó que fuese una mujer. Pensó que se trataba de un hombre travestido. Sólo cuando el ginecologo le telefoneó creyo la versión. Lap róstata estaba bien, era un órgano potente completamente normal. Le dijo que a disfrutarlo señora y sonrió. A ella no le hizo mucha gracia la broma.
Se acostumbró a su nuevo aspecto. Fue razonablemente feliz, Nuca imaginó que su última regla fuese a ser así
Tomó una salva de analgésicos antes de acostarse. Aun así le costó conciliar el sueño más de una hora. De un lado a otro hasta que el sueño superó al dolor y la tristeza. De madrugada el dolor la despertó. Un dolor intenso distinto sin el ritmo espasmódico de las contracciones de la tarde anterior. El dolor se le extendía a la vulva y a los labios. Un dolor pulsátil como si los tuviese inflamados. Se sentía reventar por dentro. Las cuatro. Aunque era pronto tomó otra andanada de analgésicos y las cinco fue la última hora que vio en el despertador. Un nuevo dolor intenso la hizo arquear el cuerpo entre los talones y el occipucio como una poseída. Su bajo vientre parecía querer estallar desde dentro. REspiró. hondo y ritmico y consiguió controlarse. Miró los anal´gesicos pero a penas habían pasado dos horas de los últimos. Podía entrar en dosis tóxicas. Siguió con la respiración. Pronto amanecería, con la luz del día se encontraría mejor. De día, con todo el mundo despierto, incluso el dolor se diluye. Giró de un lado a otro. Se pasó al borde contrario de la cama. notó en el costado que algo se le clavaba. Palpó , tiró de un hilo y de entre las sábanas salió un tampón limpio. No sabía como había podido llegar ahí. Lo dejó en la mesilla para no tener que levantarse. Se acomodó y se durmió. Esta vez durmió plácida. A mediodía se despertó. TEnía que cambiarse el tampón. Tenía que estar empapado el primero era el día mas fuerte. Se levantó con los ojos guiñados, legañosos, no se lavó la cara. Se bajó el pantalón del pijama. Buscó el hilo y no lo encontraba. Se acercó y notó sus genitales terriblemente hinchados. En una vulva tan hinchada que sin embargo no le dolía fue incapaz de encontrarse la vagina. Abrió los ojos miró y vió entre sus piernas un pene enorme y dos testículos. Se restregó los puños por la cara. Se pellizcó para despertar. Estaba despierta y no era un sueño. Tenía entre las piernas lo que había visto. Se palpó la cara:suave. Tocó sus pecho: prominente. Pero su entrepierna por la noche, entre dolores había cambiado. Tenía ganas de orinar, pero no se atrevía a usar su nuevo aparato. Poco a poco relajó y sintió con alivio salir el chorro. Funcionaba. Su metamorfosisnocturna había dado lugar al menos a un órgano operativo. NO tenía nada de dolor y estaba de un humor magnífico. El fin de semana lo pasó en casa familiarizándose con sus nuevas formas. El lunes se levantó para ir a la oficina. Dudó si falda o pantalón. Decidió que falda era una mejor opción con unas braguitas con culotes. Un tanga ni hablar.
Cuando llegí decidió confesar a su amiga lo que le había ocurrido. Como no la creía le pidió que la acompañara al baño y se la enseñó. Quedó estupefacta, insistió que si no le molestaba quería tocarla por si era de pega. Dio fe de la transformación. Le preguntó que qué iba a hacer. Si pensaba operarse o tomar hormonas, aquello debía ser una enfermedad. El hecho de perder la salud la asustó. Acudió a su ginecólogo de siempre que quedó tan sorprendido como ella, pero le aclaró que le seguiría revisando el pecho, pero para aquello, lo mejor era que visitara al urólogo. Y lo hizo. El urólogo no creyó que fuese una mujer. Pensó que se trataba de un hombre travestido. Sólo cuando el ginecologo le telefoneó creyo la versión. Lap róstata estaba bien, era un órgano potente completamente normal. Le dijo que a disfrutarlo señora y sonrió. A ella no le hizo mucha gracia la broma.
Se acostumbró a su nuevo aspecto. Fue razonablemente feliz, Nuca imaginó que su última regla fuese a ser así
miércoles, 22 de noviembre de 2017
EL BOMBERO.
" ¿Quien es? ¿Se ha vuelto usted loco? Me va a romper la puerta. No golpee más. Ya le abro. ¿Quien es usted?" "¿Donde está el fuego señora?" "Aquí no hay fuego . Y yo no he llamado a los bomberos. No pienso pagarles" "Señora nos han llamado de este domicilio que había un fuego en la cocina""En este piso vivimos mi marido y yo. Yo tengo ochenta años y mi marido ochenta y cinco y tiene alzheimer" "¿Puedo pasar? Me han dicho que había fuego y no es por dudar de usted pero debo comprobarlo" "Pase pase. Pero lleve cuidado. No rompa nada. Con ese hacha""¿Donde está la cocina?" "Ahí la tiene. Este apartamento es muy pequeño" "No hay fuego" "Se lo vengo diciendo desde que ha entrado" "Pero nos han avisado" "¿quien les ha avisado?" "Alguien desde esta casa ha llamado a la central. Ha dicho que salía una gran cantidad de humo negro y que dos ancianos estaban atrapados" "Aquí solo estamos mi marido y yo" "¿Me puede decir su telefono?" "nueve seis ocho cero cero dos uno cero cero cero" "Exacto. Nos han llamdo de aquí" "Yo no le he llamado" "Habrá sido su marido" "Es muy mayor y tiene Alzheimer" "Déjeme que hable con el . Si ha sido el debe saber que esas bromas tienen consecuencias" "No creo que se de cuenta de nada. Aunque hubiese llamado no se acordaría" "Dígame donde está" "Pase a la habitación. Ahí lo tiene sentado en su sillón" "Pero el teléfono lo tiene a su alcance" "No sé siquiera si sería capaz de marcar" "Señor ¿ha llamado usted a los bomberos? " "Los bomberos" "¿Que si los ha llamado?" "Llamar. ¿quien es usted?" "Soy un bombero, uno de los que usted ha llamado" "¿Yo he llamado? Yo no he llamado a nadie" "Quizás no lo recuerda. Ha llamado y ha avisado de un incendio en la cocina" "¿En la cocina? ¿quien es usted? Váyase o llamo a mi padre" "Es inútil señor. Si ha sido él ha sido sin mala intención. No se acuerda de nada" "¡Papá echa a este hombre de la casa que me quiere pegar" "Creo que es el momento de que se marche.¿señor?" "Soy Pepe señora" "Pepe márchese por favor. Me lo está poniendo muy nervioso y luego no hay quien lo relaje. Ya te doy tus madalenas" "Y el vaso de leche" "Y el vaso de leche claro" "Lo siento señora. NO la molesto más adiós"
El bombero bajó la escalera sacudiendo la cabeza. Estaba cabreado por acudir a un incendio en balde. Entendía que el anciano era un demente, pero eso no se hace. Mientras, en la casa, la anciana había olvidado la olla al fuego. eL agua se había consumido. Del borde de la tapadera salía una densa humareda blanca. La mujer olió a quemado. entró en la cocina y se echó las manos a la cabeza. Quitó la tapa para verter más agua pero la entrad de oxígeno precipitó la llama. prendió primero en las cortinillas y en el rollo de papel. la cocina se llenó de humo. Intentó respirar pero no pudo. Cayó al suelo desvanecida. El humo se deslizaba por el techo de escayola hasta que llegado a un punto crítico se produjo una deflagracion que llenó de llamas la cocina. En anciano olisqueó. Vio el humo colarse por las rendijas de su habitación. Descolgó el teléfono como había echo antes. marcó emergencias. Cuando la operadora descolgó le dijo que no sabía donde estaba su mamá que estaba solito, el humo del incendio de su casa se colaba ya en su habitación debían enviar a los bomberos a ayudarle. Le tomó nota. Le pidió la dirección. Cuando la escribió comprobó y cotejó elnúmero de teléfono que era el mismo de la llamada anterior. Llamó a los bomberos quienes confirmaron que era una broma o un delirio de un anciano cn Alzheimer. Le pidieron que no hiciera caso. Y no hizo caso hasta que las llamadas de otras viviendas del barrio alertaron del humo que salía de una de las fincas. Tocó ahora sí la alarma. Montaron en el coche. Y sal lugar del último aviso. El fuego había consumido la casa.
El bombero bajó la escalera sacudiendo la cabeza. Estaba cabreado por acudir a un incendio en balde. Entendía que el anciano era un demente, pero eso no se hace. Mientras, en la casa, la anciana había olvidado la olla al fuego. eL agua se había consumido. Del borde de la tapadera salía una densa humareda blanca. La mujer olió a quemado. entró en la cocina y se echó las manos a la cabeza. Quitó la tapa para verter más agua pero la entrad de oxígeno precipitó la llama. prendió primero en las cortinillas y en el rollo de papel. la cocina se llenó de humo. Intentó respirar pero no pudo. Cayó al suelo desvanecida. El humo se deslizaba por el techo de escayola hasta que llegado a un punto crítico se produjo una deflagracion que llenó de llamas la cocina. En anciano olisqueó. Vio el humo colarse por las rendijas de su habitación. Descolgó el teléfono como había echo antes. marcó emergencias. Cuando la operadora descolgó le dijo que no sabía donde estaba su mamá que estaba solito, el humo del incendio de su casa se colaba ya en su habitación debían enviar a los bomberos a ayudarle. Le tomó nota. Le pidió la dirección. Cuando la escribió comprobó y cotejó elnúmero de teléfono que era el mismo de la llamada anterior. Llamó a los bomberos quienes confirmaron que era una broma o un delirio de un anciano cn Alzheimer. Le pidieron que no hiciera caso. Y no hizo caso hasta que las llamadas de otras viviendas del barrio alertaron del humo que salía de una de las fincas. Tocó ahora sí la alarma. Montaron en el coche. Y sal lugar del último aviso. El fuego había consumido la casa.
LENTEJAS
Más de las tres de la tarde. Un autobús repleto de quinceañeros con un olor intenso a sudor. Salió de casa a las seis de la mañana. con los ojos pegados todavía. Un poco de almuerzo a media mañana. De eso hace ya mucho. Con la cabeza apoyada en el cristal. Adormecida por el traqueteo del autobús. Pasan las paradas. El estómago ruge.Se lleva la mano a la tripa para silenciar los ruidos de su intestino. Se le cierran los ojos. Está llegando. Al final de la calle la torre de la iglesia. En la plaza la parada. Doscientos metros bajo un sol de final de primavera antes de llegar a su portal. Abre. Llama el ascensor. Sube. Gira el bombín de la puerta. ¿A qué huele?. Lentejas. Lentejas para comer. Cansada. Triste. con sueño. Premenstrual y lentejas para comer. "En la olla tienes las lentejas. échatelas tú misma que yo tengo que marcharme al trabajo" "Mierda" "¿Qué has dicho?" "Nada" "Has dicho algo. Dime que has dicho" "He dicho mierda. No me gustan las lentejas. Lo último que me apetecía comer hoy son lentejas" "¿Qué cree la señorita que esto es un restaurante?" "Venía soñanado con pasta o pizza" "Hay lentejas""No pienso probarlas aunque me muera de hambre" "¿Es tu última palabra?" "No las pienso probar. Me darían náuseas. Son asquerosas" "Las he guisado yo. Las he comido yo. Están deliciosas" "Habértelas comido todas" "A tu habitación. Veo que no tienes hambre hoy" "De lentejas no" "Hoy hay lentejas para comer. Y si no te las comes habrá lentejas para cenar" "¿Por qué me hace esto?" "Esto se llama educar" "Me marcho. No se te ocurra comer otra cosa. Me daré cuenta y te quedas sin viaje de estudios" "No me hagas eso" "Me voy a trabajar cariño"
Se acostó en la habitación. No llegó a llorar. Sabía que el hambre al final se pasa. La rabia no. Se durmió. Una siesta ligera. Despertó con más hambre con la que se había dormido. Abrió el frigorífico. El embutido los quesos. Todo tenía las señales, las pequeña trampas que ponía su madre para averiguar si lo asaltaba. sólo podía coger con disimulo una rama de apio. Era odiosa. Tan meticulosa en el control. Cerró y se dio la vuelta. Miró la olla. Las lentejas. Introdujo la cuchara. Removió la costra espesa de grasa de un guiso que su madre hacía contundente. Otras veces las había comido y no estaban malas. en algún momento le habían gustado. Pero hoy no. Para güevos los suyos. No tenían mal aspecto. les dio dos vueltas más. Encendió el hornillo para calentarlas. La costra se disolvió. Alguna pompas comenzaron un hervor. Encendió la luz de la campana. observó. Cogió el cucharón y sacó una muestra. cogió una cuchar pequeña y hurgó entre las legumbres. Arroz. Su madre nunca echaba arroz a las lentejas. No arroz nunca. La abuela sí, pero la abuela murió hacía muchos años y se llevó con ella sus recetas. Volvió a mirar y sonrió. Se acostó de nuevo. Tenía hambre pero tenía una enorme satisfacción. Durmió un par de horas. Vio tres capítulos de sus serie favorita. el bombín de la puerta de la calle se movió. su madre regresaba del trabajo. Cargada de bolsas de la compra que había hecho antes de llegar.
"Mamá" "Sí cariño. Has comido" "Lo he intentado mamá . De veras que lo he intentado" "Cómo que lo has intentado. ¿Es tan dificil encender el hornillo y calentar las lentejas" "Lo he hecho, pero no he podido. ¿Tú les echas arroz como le echaba la abuela?" "Arroz no" "Ven mamá. Mira. Eso que es. Y mira la bolsa. las lentejas tienen agujeritos. Y de esos agujeros han salido pequeños gusanos" "Aj. Qué asco" Corrió al baño. Sintió nauseas. "Lo he intentado mamá. Las lentejas tenían tan buen aspecto" "No vuelvas a nombras las aj aj" "Estás bien. siento no haber las probado pero no podía" "Aj Aj . No vuelvas a nombrarlas. Tíralas. Aj aj"
Cada vez que regresaba del instituto volvía cansada. Con calor, asqueada por los malos olores, pero de lo que estaba segura es de lo que no iba durante mucho tiempo a encontrar en su mesa para comer.
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