sábado, 9 de diciembre de 2017

EL PISO

Novecientos treinta y siete. Exactos. Ni uno más ni uno menos. Y sin contar dos trasteros y cuatro bajos reacondicionados que habían hecho pasar por pisos. Varias semanas, varios meses en realidad y acercándose al año. En la mayoría no había pasado del hall. Abrir la puerta husmear y echar a correr escaleras abajo o si el ascensor estaba en el descansillo de la planta, bajar por él. sin pensar, sin despedirse del propietario o del agente inmobiliario. En la calle debía vomitar o intentarlo, dejar brotar las arcadas que le producía tal cúmulo de sensaciones. Fue tan fuerte en una ocasión, que simplemente con teclear la información le desencadenó el cuadro más intenso.

No sabía que le pasaba eso. Siempre había vivido en un mismo lugar al que había llegado directamente desde el vientre de su madre y de su propio parto nadie recuerda nada. Fue un parto normal y sencillo. Fue un niño sano y se comportó con bondad. Una crianza sencilla llena de sensatez. Pero tocaba la universidad. Fuera de su ciudad. No había otra. sí una residencia de estudiantes, pero el barullo, el trasiego de personas, los horarios impuestos le aturdían. Un piso en soledad , sin duda, la mejor opción. Pero iban novecientos treinta y siete sin trasteros y sin garajes.

Le habrían la puerta, si el producto no era muy bueno el vendedor se ocupaba en las virtudes antes de abrir, si el precio era muy alto callaba y esperaba el efecto deslumbrante del interior antes de hablar de dinero. La primera vez fue una sorpresa. No sabía en realidad que ocurría cuando el ambiente se hacía denso, se enturbiaba, a veces, si era de día la luz era de la noche. Brillos luces, sonidos, chirridos chasquidos sin orden, superpuestos como varios aparatos de voz hablando al mismo tiempo. Al principio una amalgama de sonidos y luces que le mareaba y tenía que salir. El vendedor le preguntaba y él negaba con la cabeza y salía. Poco a poco, las luces, los sonidos, las sensaciones se iban concretando, llegó a identificar formas, llegó a reconocer palabras. Después de una treintena de casas ya sabía que lo que veía eran escenas de una vida cotidiana ajena a la suya. Personas que hablaban, gatos perros que corría por el pasillo o comían en los rincones de la terraza. Personas que gritaban, discutían hablaban o hacían el amor sin sentir su presencia. Poder convivir con las imágenes pululando a su alrededor se le hacía insufrible y su cuerpo, su cabeza, su frente, sus intestinos se revelaban y corría.

Un vendedor,bien informado de su solvencia y por puro prurito profesional se atrevió a preguntarle directamente sin rodeos  por lo que le ocurría. Se sinceró. Le dijo que veía las imágenes que escuchaba los sonidos que se mantenían en las casas y que eso le hacía totalmente imposible pensar simplemente en vivir allí. El vendedor no parpadeó. Asintió y dijo entonces la solución es fácil. Tenernos vivienda nueva que también le podemos ofrecer en otras zonas. Claro como no había caído en solicitar que le mostraran viviendas que no eran usadas.

En las afueras de la gran ciudad en barrios a medio hacer. Llegaron a una torre de doce plantas. Séptima izquierda. Puerta blindada. Olor a pintura y madera en todo el edificio. Acabados impecables no como en los tiempos de la crisis. Abrió la puerta. Era medio día y la luz se puso como a media noche. La voz y la figura del vendedor se difuminaron. No sintió la necesidad de huir. A su lado una figura negra, un hombre encapuchado registrando cajones. Al fondo una puerta. Se encendió una luz detrás de la puerta. De la puerta salió él mismo. Se encontró cara a cara con el ladrón. No se sorprendió de verlo como si ya supiera lo que iba a seguir. Sin una sola palabra el ladrón disparó. Él calló al suelo sangrando. Volvió la luz de mediodía. Hacía calor. El vendedor le preguntó qué le parecía la casa. Él le respondió me la quedo.


jueves, 7 de diciembre de 2017

PUTA NAVIDAD

Una cosa en común:ninguno tenía en sus vidas un solo instante que le invitase a celebrar la Navidad. Para ellos la Navidad era la época en la que se veían. Se juntaban, pasaban un tiempo salvaje en la playa junto a un mar helado. Todo el mundo ponía árboles. Guirnaldas. Musgo. Decorados que parpadeaban por la noche. Luces que algunos rezagados dejaban hasta el verano. "Puta Navidad" " Sí . Puta Navidad" "Podríamos poner un abeto" "Un abeto. Déjalo plantado en el bosque" "O uno artificial" "Peor, plásticos que se amontonan en el mar" "Pues no he dicho nada" "Yo creo que no es tan mala idea" "Vomitiva" "Pésima" "No sé por qué sois tan negativos. Navidad o no. Nosotros nos juntamos ¿No es cierto?" "Sí" "Sí" "Somos amigos. Desde hace mucho tiempo, y eso es un buen motivo para celebrar" "Reconozco que no es tan mala idea. Pero ¿Qué podemos hacer para no traicionar nuestros principios de una época que nos ha dado tan poco?" "Aparte de la amistad" "Aparte de la amistad sí" "Eso no es poco" "No lo he expresado bien. La amistad es mucho. Puta Navidad. Celebremos la Puta Navidad" "Ja ja ja. sí" "¿Qué hacemos?" "Dilo tú que eres el ocurrente" "Un Belén prostibulario" "No. Eso no me hace gracia. Demasiado sacrílego. No me gusta que nos burlemos de eso" "Eres una blanda" "Hagamos algo con el árbol que es más pagano y así no te enfadas" "Me parece muy bien" "Un árbol con neones" ""De colores" "Sí. En casa guardo dos docenas de fluorescentes de cuando los cambiamos por luces led" "Te los traes y los pintamos con espray de colores. Los montamos y quedará muy bien"

"Ha quedado genial" "Sí. tiene más neones que el puticlub a la entrada del pueblo" "¿ABrimos una botella de champán?" "Tenéis todos copa" "Sí" "Por la Puta Navidad" "No no no" "Por nuestra amistad. Porque sigamos viéndonos muchos muchos años" "Por la amistad" Los neones fucsia, rojos, violeta, amarillos comenzaron a parpadear con una frecuencia creciente, con un ritmo alternante como si alguien estuviese tocando una melodía asincrónica en un teclado multicolor. El ritmo se hizo estroboscópico. "Me estoy mareando" "Los cebadores tienen que haberse estropeado" "Qué le has echado a las copas¿ mescal?" "No les he echado nada" "Todo se mueve a mi alrededor. No siento mi cuerpo" "¿Qué me pasa?" "¿Qué te pasa?" Uno a uno cayeron rendidos. Pasaron de ver las luces parpadeantes a reconocerlas inconexas y fusionadas como en la paleta de un pintor, después sombras y después todos los colores fusionados en una luz blanca cegadora. Después el sueño. Un sopor profundo que los depositó a uno junto a otro en el suelo del salón.

Despertaron. Hacía mucho frío. Se arrebujaron unos a otros y se cubrieron con mantas. Miraron a su alrededor buscando una explicación a lo que había ocurrido. Debajo de lo que quedaba del árbol, entre un reguero de cristales de tubos fluorescentes explosionados, había varios regalos envueltos en papel de periódico. Uno para cada uno. En cada uno un nombre. No preguntaron quien lo había traído. Lo abrieron, y uno a uno encontraron aquel juguete que esperaron en balde en la infancia en otra puta navidad. Salieron de la casa. Desde el porche vieron un cielo blanco cubierto. Un viento helado del norte. El suelo cubierto de una fina capa de nieve tan rara en esa zona de la costa. Desde el porche, en el jardín se reconocían claramente las líneas que dejaba un trineo al deslizarse. entre ellas las cagarrutas de los animales que hacían de tracción. Juntos corrieron. Las líneas llevaban al borde del acantilado. Miraron abajo y no había nada. Miraron al horizonte donde se fundía el blanco de las nubes someras de nieve y el azul profundo del mar y les pareció distinguir un punto rojo,pero después de lo de la noche anterior no se atrevieron a afirmarlo. volvieron a casa y no sintieron ningún rubor en jugar  los juegos que les faltaron de alguna puta navidad.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

EL BELEN VIVIENTE

"No me gusta la Navidad" "Cada año estás igual" "Es una época sólo de consumo y nosotros somos poca familia y algunos ya faltan" "Si es por eso lo entiendo" "Pero tú no estás mejor que yo. Tus padres murieron y vives sólo, y sin embargo seguro que ya has puesto el árbol enorme de todos los años, lleno de aderezos, tendrás velas en cada rincón y el enorme Belen" "Es cierto. El árbol ya lo tengo puesto, los aderezos me queda la mitad y el Belén viviente se pone esta noche" "¿Se pone? ¿Has contratado a alguien para que lo instale?" "No. La estructura, las casitas y los decorados los pongo yo cada año" "Pero tamibén hay figuras" "Eso es otra cosa" "Y hablas de Belén viviente y , que yo recuerde, sólo se movía la noria y el agua del río" "Así es" "Entonces no es un Belén viviente" "Es complicado" "¿TE ríes de mí?" "Nada más lejos de mi intención. Ven luego a mi casa. Sólo por favor" " ¿A qué hora?" "Al filo de la media noche. No traigas nada"

Llegó a la hora fijada. Una noche fría y seca de diciembre. Llamó a la puerta y no tardó en abrir. "¿Has cenado?" "He tomado algo en casa" "Es pronto. Te apetece cafe o te" "Un té" "Te lo sirvo" "Si quieres te ayudo con los preparativos" "Está ya todo preparado no es necesario... sólo ...esperar" No llegaron a entablar conversación. Diez minutos. No merecía  la pena el esfuerzo "Sólo faltan cinco minutos" "¿Vamos a ver el Belén?" "Lo veremos desde aquí" encendió el televisor. Seleccionó la fuente de imagen. La mitad del despacho apareceía  ocuapado por tablones. sobre ellos dibujados con regueros de tierra y musgo caminos y huertos. Casas. Pero no había figuras. sólo el movimeinto del agua de la fuente. y cajas en los ricones, en el suelo sobre los muebles. El carillón dió las doce campanadas. "Fíjate atentamente" Nada nuevo. En una de las cajas parecía bullir las tiras de papel de periodico que acolchaban su contenido. Enseguida en el borde aparecieron unos manos minúsculas y unos brazos. El bullir se extendió a las otras cajas y decenas de manos y cabezas se asomaron. Su amigo le instó a guardar silencio. cuando regueros de figuritas móviles trepaban por las patas de la mesa, escalaban por los cables de luz o por las sábanas que delimitaban el perímetro del belén. La superficie se llenó de mercaderes, ovejas, caballos, dolorosas, lavanderas, camellos, cabras, romanos y judíos. San José tirando de la mula donde María sujetaba al niño en el vaivén del paso de la mula. Una vez las figuras se situaron en sus posiciones, desapereció el movimiento del Belén.

Había quedado con la boca abierta. "Mañana recogeré las cajas hasta pasado el día de reyes que vuelven a ellas a descansar" "Ha sido increíble" "Te dije que se ponía" "NO me esperaba esto. Lo habrás grabado" "No nunca lo grabo temo que se vuelvan inmóviles del todo y no sabes el trabajazo que llevaría" "Lo supongo. Pasamos a verlo ahora" "Vamos"

No podía evitar sentirse observado por cientos de ojos que inmóviles seguían su paso. El niño abrió los ojos justo en el momento en que se acercó para ver el nacimiento, Le hizo un gesto con la mano, pero ya no estaba seguro ni de lo que veía. Había pensado poner un belén este año. Uno pequeño , un nacimiento y poco más, pero este año no iba a ser. Le daba muy mal rollo tener decenas de espías en su casa

lunes, 4 de diciembre de 2017

METAMORFOSIS

Abrió la puerta con el mismo giro que la había abierto cientos de veces. La cerró del mismo modo que la había cerrado otras tantas. Se descalzó y caminó de puntillas como siempre para no hacer ruido. Sintió sed y bebió un sorbo de agua. Sintió hambre y comió dos  magdalenas. Se lavó los dientes y se acostó. De madrugada porque trabajaba de noche. Y fue la última vez que todo le pareció lo mismo. Se levantó a la hora  a la que todo el mundo come. Desayunó cuando todo el mundo almuerza. Comió lo que todos se desayunan. Hasta ahí lo de todos los días, pero cuando fue al baño, a partir de levantarse de hacer sus necesidades todo empezó a ser distinto. Se lavó la cara y el agua le pareció más fría, el lavabo más bajo, la toalla más áspera, el jabón de peor aroma. Se secó, se miró al espejo y no reconoció a quien estaba allí. Esos ojos, las entradas, la barba de tres días, la tez morena no sabía de donde habían salido. Las encontraba ajenas a sí mismo. Volvió a la habitación aterrado. Cogió su móvil. Abrió los álbumes de fotos, en  todas había un hombre igual que el que se reflejaba en el espejo pero que no era él. Se vistió con ropas a su  medida que no le parecían adecuadas. Calzó unos zapatos comodísimos que no reconoció. Bajó, cerro los ojos y dejó que sus pasos lo guiaran hasta el que debía ser su vehículo. En efecto la llave lo abrió. El contacto y al trabajo. Si se concentraba en no pensar, en dejar que su cuerpo, que su mente actuasen de forma automática, todo ocurría de acuerdo a una rutina que no reconocía como tal. Si pensaba, si involucraba al mundo racional en sus actos, su entereza se derrumbaba y comenzaba con opresión en el pecho y una diaforesis que le empapaba las axilas y le regaba la frente. Mostró la identificación a la puerta de la fábrica. El guardia lo saludó afable. Devolvió el saludo aunque no lo reconocía. Aparcó. Se dejó llevar por su cuerpo prestado u opresor a la puerta donde otros operarios se ponían monos de color plata. Uno lo saludaba. Otro le daba un cachete. Otro más le palmeaba el hombro. Era un hombre popular. Sintió el impulso de hacer algunos gestos similares, pero consiguió contenerlos ante el temor de la respuesta de alguna de aquellas personas que reconocía como extraños. Uno le dio un abrazo y le dijo que se alegraba mucho de verlo, que acababa de volver después de una baja de tres meses. Le dijo que se alegraba, pero que le perdonara que no recordara su nombre. Pensó que estaba de broma y le insistió que se lo decía muy en serio.Le dijo un nombre que no le resultaba familiar. Se lo llevó a un rincón. El otro le dijo que no lo asustara. Sólo inquirió si encontraba algo distinto en él. le dijo que no, pronunció su nombre y le dijo que lo encontraba como siempre. Desde la confianza le dijo que estaba seguro de que no era el mismo. Algo había cambiado en él , que le pedía le perdonara, que si le trataba así no era por descortesía sino simplemente porque era otra persona. No sabía como había ocurrido pero era otra persona totalmente distinta, se temía que en el chasis de la persona anterior. El otro huyó. Aterrado. No se le volvió a acercar. No lo lamentó,

De madrugada regresó a casa. Abrió la puerta como nunca la había abierto. La cerró como nunca la había cerrado. No se descalzó porque el suelo estaba frío. Se hizo un bocadillo y bebió una cerveza. Miró la cama pero no se quiso acostar. El día le parecía demasiado importante para desperdiciarlo. Cogió un bolígrafo y cogió papel y empezó a escribir. Dejó fluir historias basadas en recuerdos que venía de los tiempos anteriores a su metamorfosis humana. Y le gustó. Llegó la hora de su trabajo nocturno. Miró el reloj. Se duchó y se quedó en casa. Por la mañana conocería gente y sitios nuevos.

domingo, 3 de diciembre de 2017

MALAS SENSACIONES

A veces sales a correr, pasan los minutos y tus músculos, tus articulaciones, tu mente no van rodados. Tienes la sensación de series de movimientos inconexos y desacompasados que malgastan la energía. Puede ser que vayas incluso rápido, pero sin ritmo. No llegas al momento de la inconsciencia del esfuerzo que te permite avanzar unos kilómetros cómodamente. Eso son malas sensaciones. Pero tambien puede tener otra acepción que es de lo que trata el relato que habla algo que ocurrió hace no mucho tiempo.

Fue un día de superluna, como hoy. Una luna llena gigante que apoca las luces artificiales. Una luna llena en suma. Salió a correr de noche. No era tarde pero el sol se pone muy pronto en diciembre. Hacía frío. Mallas largas, camiseta y cortabientos. Y el frontal para iluminar sus pasos. Había dudado en lo del frontal, porque cuando llevas luz, se produce la paradoja que ves la zona iluminada pero te vuelve inseguro con la periferia de penumbra o absoluta oscuridad. Decidió llevarlo para acostumbrarse. Una ruta de diez kilómetros por la mota del río a un ritmo tranquilo. Pensando. Soñando y fabulando. Llegó a la parte final del recorrido . Se dio la vuelta. Enfrente la luna. Una claridad que producía sombras en la noche. Nadie en todo el recorrido. Domingo. El frío. En el suelo chasqueban las hojas con sus pisadas. Se rompían. Pasó por una zona arbolada. Escuchó el chasquido de las hojas a un ritmo distinto del de sus pisadas. Un corredor más rápido. Sin frontal a sus esplada no había ninguna luz. Se concentró, siguió. No se detuvo porque el entrenamiento no se para. Volvió a escuchar, se le antojó más cerca, le pareció que muy cerca el sonido del movimiento de las hojas con las pisadas. Aprovechó una curva del meandro del río para mirar hacia atrás. No le seguía nadie. Vio las hojas moverse con la brisa suave. Escuchó el ruido en todo similar al que había escuchado. Sonrió. En el pulsómetro la frecuencia cardiaca comenzó a recuperar el ritmo ajustado al esfuerzo que estaba haciendo. Siguió escuchando las hojas, pero ahora sabía qué las producía. Dejó de oírlas.Dejo de oír todo. Silencio. Se setuvo la brisa. Las rnas dejaron de croar. Los murciélagos buscaron cobijo. Silencio absoluto. Sólo sus pisadas y el ruido pausado de su respiración. Tenía  malas sensaciones. Y su cuerpo rodaba. La meta estaba cerca. El silencio se profundizó. Ya divisaba las luces a lo lejos. El puente que debía cruzar  para llegar al pueblo. Un aullido al que no siguieron otros aullidos. un quejido y un nuevo aullido. Los perros de un solar no ladraron a su paso como siempre hacían. giró el frontal sin aminorar la marcha y los vio agazapados debajo de uno de los camiones. Otro aullido más cercano y otro quejido. Silencio. Brisa. Giró a la izquierda. Entró en las calles del pueblo. ESquivó las zonas de sombra. Corrió por el centro aprovechando la ausencia de coches. Llegó al banco donde solía estirar y prefirió no hacerlo. Se sacó las llaves del bolsillo de atrás de las mallas. Las manos le temblaban no encontraba la llave. Cuando la encontró no alcaanzaba a introducirla. Cuando la introdujo se atrancó. Le pareció escuchar un jadeo. Abrió la puerta. la cerró a su espalda y encendió la luz. Miró el reloj. La frecuencia cardiaca se había disparado. Respiró hondo y se controló.

Por la mañana poco después del amanecer oyó ruidos de sirenas por las calles del pueblo y por la huerta. Bajó. Tomó el café antes de comenzar a trabajar. Por la noche en muchas casas de la huerta junto a la orilla del río, muchos perros y ganado habían amanecido degollados y algunos descuartizados. Junto al río. entre las hojas de los tilos unas huellas de unas garras que nadie había sido capaz de indentificar. Pasó el tiempo. El rumor desapareció y nadie dio una explicación satisfactoria que tampoco nadie reclamó. El siguió corriendo por las noches aunque no es su hora favorita. Quiere pensar que tuvo algo que ver con la superluna, pero no es seguro. Si otro día tiene malas sensaciones se volverña a casa

sábado, 2 de diciembre de 2017

LA CAZAVAMPIROS Anemia 5ª temporada 4 ª entrega

"Buenas noches. Eres Santi ¿verdad?" "¿Nos conocemos?" "Algo. Incluso nos hemos visto en alguna ocasión en que intentaste matar a uno de mis personajes" "¿A Vlad?" "Sí. en El pájaro Azul" "El mismo. en realidad tú también eres uno de mis personajes. Te preguntarás por qué te he citado aquí en la Terraza del REstaurante Las Cumbres del Cabezo de Torres" "No te equivocas. Me intrigó tu convocatoria" "Eres muy atractiva" "Gracias ast" "Uno de los personajes más redondos que me han salido. Una aguerrida cazavampiros en el corazón de Murcia" "Gracias de nuevo. Pero ya mi padre fue cazavampiros" "Sí pero tú padre sólo apareció para morir. Quizás en el futuro, si llego a tener algún éxito haga una precuela" "Ja ja como en la guerra de las Galaxias" "Como Star wars, pero algo más huertano, más de andar por casa que para encontrar maravillas no hace falta buscar agujeros negros, las hay más cerca" "VAs a hacer una precuela sobre mi padre" "No tengo tanto éxito Santi" "¿Entonces?" "Te me estás yendo de las manos" "Nadie me controla" "Así debe ser. Pero tu naturaleza es de cazavampiros y así debe seguir siendo" "Estás poniendo en duda mi voluntad" "No pongo en duda nada, pero tus últimas actuaciones..." "¿Mis últimas actuaciones qué?" "¿Van a tomar algo?" "Santi tú que bebes. ¿No te habrás aficonado a la sangría?" "¿Es un chiste? Je fe o creador o autor o lo que seas" "No es un chiste cazavampiros, cazamariposas o damisela" "Maldito" "Deja esa estaca. Empleala con quien la tienes que emplear. No conmigo. Yo soy humano. Si me matas..." "Iría a la cárcel" "No peor" "No hay pena de muerte en España" "Para un personaje sí Santi" "Eso es verdad. Lo siento" "No te preocupes el sarcasmo me pierde. Y me gusta que tengas fuerza. He sobreactuado. Ten en cuenta que soy yo quien escribe lo que tú hacer, ahora bien, tienes much apersonalidad me cuesta contenerte" "Gracias. Eso ha sonado bonito" "Te lo mereces" "Y entonces ¿Qué querías?" "¿Estás enamorada de Vlad?" "Dímelo tú. No eres tú el que escribe" "La primera vez que te vi fue yo quien salvó la vida a Vlad avisándole de tu presencia e intenciones. Después lo evitaste tú y entre vosotros han pasado ....cosas. ¿Te sonrojas?" "Me siento espiada. Eres un voyeur" "No  sé escribir con los ojos cerrados. He sido muy discreto. Nunca demasiado explícito en vuestros encuentros" "Te lo agradezco de nuevo" "No me importa si te enamoras, pero recuerda tu razón de ser. Si dejas de ser una cazavampiros, tu personajes perderá fuerza dentro de la historia" "Es muy complicado ast. Muy complicado. Detesto a Vlad. Detesto a los vampiros que prasitan nuestro mundo, pero a la vez..." "A la vez..." "Es misterioso. Es poderoso, pero es triste, tiene una aureola melancólica a su alrededor y sin embargo en ocasiones es apasionado como si aún quedara en él algo del humano que fue" "Pero es un vampiro" "Y tambien todas ess cosas. cosas que le hacen un..." "Ibas a decir un hombre" "Un...ser enormemente atractivo" "Un malote" "No. No simplifiques ast" "Lo siento vuelvo a ser sarcástico" "Pero no olvido quien soy" "Bien" "¿No temes que venga aquí y se vengue de ti" "No. Arriba , sobre los riscos azules hay una cruz. No puede venir. Y si fallara estás tú. Esta vez no fallarías. Se trataría de él o yo" "No estés tan seguro" "Si soy yo quien acaba se acaba todo. Te acabas tú y se acaba él" "Él descansaría. Está harto de eternidad. El tiempo sin vida no conduce más que al aburrimiento y a la melancolía, la moria de los eternos todopoderosos. En cuanto a mi. Habría cumplido mi objetivo. Acabar con Vlad y acabar con su condena" "Le amas" "Sí"

viernes, 1 de diciembre de 2017

BARBERÍA

Aun me sobra algo de tiempo. He quedado a cenar. He comprado algo de ropa. Es tarde. Llevo el pelo sin arreglar. Una barbería. Sería un lujo. Treinta minutos. La tarde ha cundido. Ignacio. A esa misma barbería ibamos mis hermanos y yo de niños. Un sólo cliente. Habitual según sigo sus conversaciones. Su padre ha envejecido. El corazón lo limita. Joven cuando el barbero tambien fue joven, ahora vive con dificultad con una sobrecarga de líquidos que no responde a sobrecargas de furosemida. Me muestro con timidez. Es tarde. Detesto molestar. Es el mismo barbero, octogenario avanzado.Tiene hora y me invita a sentarme. Mientras termina con el otro cliente veo los sillones sólidos, sin un atisbo de obsolescencia programada. Los buenos perfumes y masajes para después del afeitado. El cliente se va. Me invita a sentarme en el sillón central. Le digo lo que quiero. Y comienza a cortar. Suave. Tantea antes de inicar una conversción bien documentada de la que es experto. Clientes egregios. Personas señaladas en la historia de la ciudad. Termina. Me muestra con un espejito al que no miro cómo ha quedado el peinado. Le pago. Y salgo. Abre la puerta un hombre con dos niños. Ambos con pantalones cortos a pesar de que llega el invierno. Me vuelvo. Soy yo, mi hermano y mi padre. O al menos se parecen mucho. Voy a decir algo, pero qué voy a decirme a mi mismo cuando era un niño. Salgo. La calle es distinta. No hay zona azul , ni verde ni roja. Los coches aparacados son seat ciento treinta y cuatro, seiscientos, algún Gordini y algún citroen de los que se llamaban Tiburón. La Avenida de la Libertad. Un solar y enfrente Simago. Me marcho, pero ¿cómo irse cuando he dejado el coche en un parking que no existe. Me echo la mano al bolsillo. El móvil. Sin línea ni internet. Una cabina. Marco un fijo. Se pone mi suegra. con voz más joven pero con expresiones que no han cambiado. Se cansa de oírme y cuelga. En la relojería junto a la entrada del bloque de simago miro un calendario. Me lo temía. Muchos años atrás. Sin coche, sin posibilidad de que alguien me ayude. Regreso a la barbería. Ha terminado con uno de los niños, el moreno con un pantalón de tirantes muy corto y una camiseta de punto de rayas azules sobe fondo blanco. El otro espera en la silla con el uniforme del colegio. Tiene los ojos grandes. Una mirada que impone, El barbero podría ser el mismo, pero luce rejuvenecido. Le pido sentarme en el sillón. Lo rechaza. Insiste que espere mi turno. No tengo tiempo.Se vuelve me mira y me asevera que todos están esperando. Diez minutos para las nueve. El carillón golpea la campana. Tiene que volver a sentarse. Si cierra no tendrá otra oportunidad. No sabe por qué pero lo sabe. Cuando termina con el segundo niño se sienta en el sillón. El barbero le insite que no lo necesita. El le dice que sí, que claro que necesita volver al lugar que trastocó el día.  Pero el tiempo no se mueve. El barbero rejuvenecido le mira el cabello recien cortado. Reniega porque es tarde y le parece una burla. El barbero lo mira de reojo. Da rodeos y maniobras de dilación en la tienda. Quiero un corte a navaja. El barbero le rasura con la navaja.De mala gana . Se encuentra más joven. No le importa volver donde tuvo su barbería recien abierta. Si no es el sillón qué es. A su izquiera un cenicero con caramelos. Coge uno por instinto. la cabeza le da vueltas. Se vuelve el barbero. El barberto es viejo. Mi peniado ha terminado. Le gusta viajar para ir a bodas. Pero así no. El tiempo sólo ha de  viajar hacia delante. Sale a la avenida de la libertad. El parking está debajo. Simago ya no está .Enfrente el corte inglés. Paga en el cajero y se marcha