domingo, 29 de julio de 2018

QUEMADA

"Tienes mucha suerte de estar viva. Entrar a por tu perro con la casa en llamas no fue una buena decisión" "Está bien" "Perfectamente. Pudo salir. A ti te atrapó un armario y los bomberos te sacaron muy poco antes que la casa se hundiera. Mucha suerte" "Estoy viva, pero tengo la cara vendada . Me duele. Quiero ver mi cara" "NO es una buena idea de momento" "Tengo la cara quemada" "Por eso la hemos vendado. Te pondrás bien" "No se si me importa más ponerme bien o recuperar mi cara. Me gustaba mi cara" "La recuperarás" "¿Como antes?" "Con el tiempo sí" "¿Con el tiempo?" " A veces hay que hacer algunas intervenciones" "Operar. Mi cara está destrozada. No me volveré a ver. ¡No me volveré a ver!" "No he dicho eso. Te recuperarás. Será un proceso duro pero te recuperarás"

Cicatrizó. Pero quemaduras profundas que llegaron al hueso no permitieron que los injertos prendieran. No se atrevió a mirarse, sólo con la máscara de silicona veía a una muñeca con sus ojos prestados. No se atrevió a salir a la calle. Recibía visitas, pero sólo aceptaba hablar desde una pequeña ventana detrás de una cortinilla donde cualquier conversación adquiría el tono místico de una confesión. Muchos no se atrevían a visitarla, por no molestar, por repugnancia, por miedo o por desidia. Cada vez recibía menos visitas. NO le importaba. Se acostumbró a una vida autónoma monacal en que se prohibía salir por necesidades básicas solo en las últimas horas de  la tarde o las de la noche. Se consideraba un monstruo, una aberración de la naturaleza, una muerte incompleta, una mirada sin rostro. RAra y huraña. En meses se quedó sola. Tuvo que hacerse muy desagradable para desprenderse de dos o tres buenos amigos. Buscó sexo oculta en anuncios oscuros de la red, donde compañeros perversos aceptaban de buen grado la relación con una mujer con el rostro cubierto. Su cuerpo no había sido dañado. Al principio tuvo asco, pero poco a poco los contactos se le hicieron más tolerables e incluso los anhelaba. Alguno buscó una relación mayor, cambiaba su perfil, permanecía en silencio durante un tiempo y volvía con otro. Pero cortó. Sus actividades sexuales se hicieron cada vez más sádicas y en un encuentro a punto estuvo de matar a su pareja. NO le asustó el daño. No abandonó por miedo a haberlo matado, sino porque en los momentos en que estuvo tan cerca de acabar con su vida experimentó un placer que nunca antes, ni siquiera cuando tenía sus rostro, había sentido. Lo dejó. Dejó los contactos, supo que no habría podido seguir sin que fuesen una excusa para experimentar con la muerte ajena, el asesinato y la sensación de impunidad. Lo dejó. No habría podido contenerse. Estuvo deprimida. Se dejó unas semanas. Cuando recibió una visita de una de las amigas que más habían tardado en abandonarla. Le habló de una nueva terapia. No quería un trasplante de cara. No era un trasplante. Era algo más avanzado. Células madre que podrían regenerar su rostro. Tenía riesgos, un procedimiento nuevo, pero podía ponerla en contacto con los cirujanos plásticos del hospital pioneros a nivel mundial.

"Es un caso difícil. No le puedo prometer nada" "No necesito promesas. ¿Puede hacer algo?" "creo que sí" Y así pasó tres meses con pequeños injertos e inyecciones por los rincones de un cráneo pobremente cubierto de una piel atrofiada. " "Ya está" "¿Del todo?" "Sí" "¿Soy como antes?" "Como antes excactamente no , pero tiene el aspecto de una mujer hermosa. ¿Quiere un espejo?" "Un espejo. NO sé" "Mírese" "Sabe cuanto tiempo hace que no me miro" "Mírese. Le gustará" "No soy yo" "Es usted" "No soy yo doctor. No lo soy" "¿No está feliz?" "Sí. supongo que sí" "¿No se gusta?" "Me gusta mucho, pero no soy yo" "Lo siento" "No lo sienta doctor. Mi vida anterior no me gustaba" "¿Qué?" "No me gustaba. Lamenté no morir en el incendio, no sólo por haber perdido mi rostro Ahora no soy yo. Y eso doctor me gusta" "No sé si termino de comprenderla. Quizás nuestro equipo de psicólogos pueda ayudarla" "Se lo agradezco, pero ya no soy yo. Y eso me gusta. Me gusta mucho" "Adonde va" "No lo sé. Lejos. Haré algo distinto. Saldré a la calle y caminaré hacia donde se dirija el viento" "Y después" "Ya veré. Estreno una vida. No tengo prisa. Adiós."

viernes, 27 de julio de 2018

EL HOMBRE SIN SILENCIO.

Tinnitus. Un poco de falta de riego del oido interno lo condenaba a una vida sin silencio. Evitaba los lugares tranquilos, porque en un ambiente sin ruido, la máquina de vapor atronaba dentro de su cabeza. Buscó casa en la calle más ruidosa de la ciudad.Conducía con la radio a todo volumen. Huia de la ciudad en agosto. Buscó el acondicionador de aire más ruidoso, el ventilador más sonoro. Solo iba al mar en los días de temporal. Pero solo eran parches. A veces se cansaba. Se desesperaba por su condena. Visitó neurólogos, psiquiatras, psicólogos, logopedas, sin éxito y cada visita  lo llenaba de expectativas que al frustrarse incrementaban el volumen del ruido que se generaba en su cabeza. Nunca pensó en el suicidio. Era un hombre positivo. Una vida sin silencio podía tener sus ventajas. Observó que aunque no podía recuperar el silencio, con ayuda o sin ella, sí que podía modular el volumen. Le costó. No fue llegar y tener éxito. Horas de reflexión, de concentración, de pruebas y contrapruebas, pero por fin lo afinó. Si dejaba la mente en blanco, si fijaba los ojos en un punto, si imaginaba ese punto alejarse o disminuir hasta adquirir dimensiones atómicas, si dejaba de sentir su cuerpo y solo escuchaba el ruido, en ese momento podía modular con el ritmo de su respiración la frecuencia del ruido. Un consuelo, liviano, pero importante para alguien acostumbrado a sufrir. Ya que no puedes librarte domesticalo. Así, por las noches cuando quería dormir bajaba el volumen hasta el punto exacto en que casi pasaba desapercibido. Por el contrario, en las desavenencias familiares, cuando la discusión llegaba al punto estúpido donde cualquier palabra más solo podía causar daño subía el volumen a una estridencia máxima, relajaba las facciones y ponía la sonrisa plana que acompañaba a su silencio. Leía en el rostro que tenía enfrente dos o tres alaridos,  una imprecación, y alguna blasfemia, pero pronto se cansaba, sabía que el trance del ruido tan alto que casi se oía desde el exterior no acabaría al menos en un par de horas, se retiraba en un silencio hostil que no superaba la intensidad de su tinnitus a todo volumen. Después quedaba exhausto, eso sí, el ruido interior lo dejaba sin fuerzas, satisfecho por el deber cumplido pero débil como una brizna de hierba, alguna vez había dormido más de veinticuatro horas después de uno de esos despliegues defensivos. Se había acostumbrado a la falta de silencio, disfrutaba con el control del volumen, a falta de una solución mejor. No podía creer cuando un día en la cola de la carnicería una anciana le preguntó por el zumbido de sus oídos. el le dijo que ahí estaba. Ella le dijo que un curandero de su pueblo, una aldea de la sierra curaba los ruidos. Sonrió, pero no perdía nada. El fin de semana se alojó en una casa rural. Subió la senda que le llevaba al curandero. Llegó al atardecer que era la hora prevista para el conjuro. Le esperaba con una marmita humeante y maloliente. Tomate este vaso. Me da asco. Es tu medicina. Sanar duele. Se lo bebió de un trago. Seguía con ruidos, pero por la mañana, después de muchos años descubrió el silencio. Alborozado corrió monte arriba buscando un lugar aislado. Dejó de respirar y escuchó el silencio por primera vez después de tanto tiempo. Lloró, con cuidado de no hacer ruido. Cuando volvió a casa estaba feliz. Y los estuvo hasta que dos días después vinieron la voces. Voces que decían que ordenaban, que suplicaban o asustaban y todo dentro de su cabeza. Las voces hablaban en voz alta , en susurros o gritos a su antojo. Trató de concentrarse pero el sistema no funcionaba para controlar el volumen de unos ruidos con sentido pero autónomos. Buscó a su compañera, llegó a provocarla para que sus gritos tapasen los de las voces. Sonrió cuando sus palabras tapaban las de su cabeza. Muchas noches fue incapaz de conciliar el sueño. cuando sus discursos no se inmiscuían en sus pensamientos, intentaban buscar una solución. El curandero. Pero buscar una solución implicaba confesar que oía voces en su mente. Lo tomarían por loco. No dijo nada a nadie. Buscó al curandero, que ya se había marchado. A las voces les hizo mucha gracia.

martes, 24 de julio de 2018

GINTONIC

"¿Que va a tomar?" "Un gin tonic" "Seagram, Bloom, Beefeater, Puerto de Indias, Tanqueray, Martin Miller" "Martin Miller" "Aquí tiene la carta de tónicas, tenemos 40 referencias" "Scheweppes" "¿Para la Martin MIller?" "Para la Martin Mliller la Scweppes se queda un poco corta" "¿Qué me recomienda?" "Tome usted esta, tien un toque más sutil a mar" "¿Es mucho más cara?" "Normalmente dos euros más, pero hoy se la voy a cobrar al mismo precio" "Quiere cardamomo, limón , pétalos de rosa fresas, pimienta, nuez moscada, sandía, melón" "Pare pare sólo una rodaja de limón" "Me gustan las personas sobrias. ¿El hielo?" "Pequeño" "No me refiero a eso. ¿Aqué tipo de hielo?" "Normal" "NO se atreve con algún hielo ecológico" "¿Qué es eso?" "Hielo sostenible de glacial. Tenemos de los Alpes de un par de zonas, con algunos fragmentos que tienen  cientos de años, y una esquisitez un glacial de Groenlandia con más de mil años" "Pero eso sí será caro" "Mucho más caro claro. el transporte, la seleccion, porque no todo vale, le exclusividad de la explotación sostenible ecológica. El precio es muy elevado. Pero los matices, y mas para una persona sobria como usted merecen la pena le dan un toque único. Viene en hielos grandes y para que vaya soltando su sabor" "Vaya cara pone usted cuando me lo cuenta" "ES que lo del hielo ha sido algo delicioso" "SE va a poner uno para usted y otro para mí" "Señor no. Se lo agradezco.No debe" "Se lo ruego. Dos" "NO tiene gente ahora disfrutemoslo juntos" "Voy a empezar un nuevo embalaje del hielo Groenlandia para nosotros. Ahora verá" "Si que está buena" "El Groenlandia es increíble , un hielo con toques a musgo y turberas, delicioso, sorbo corto y conversación" "Sí que está bueno" "Más despacio. Más despacio. No apuro la copa. Está bebiendo con un hielo tal vez de mil años. La época de las catedrales" "Está tan rico que me cuesta contenerme. Pero al final le ha echado algo más" "No. Martin Miller, tónica, una rodaja de limón y nada más" " En mi copa hay algo más" "Imposible" "Y en mi boca. Ah" Deja en la barra a media luz lo que se ha sacado de la boca parece un gusano de unos tres o cuatro centímetros y cinco milímetros de grosor. Junto a él un alga enrollada. No se mueve. Le reconforta que no se mueva. No sabe si legustará saber lo que es. Ya está lamentado no haber escupido en la paepelera. El camarero arrastra con una pajita al gusano debajo del foco de luz amarillenta. Los dos acercan la cabeza. Se miran y vuelven a mirar. El gusano parece un pequeño brazo, y el alga una vez desplegada es una manga. "Es un bracito" "Es imposible que sea un bracito" "¿Como ha llegado un trozo de un aborto a mi Ginegra? SE los sirven también para mejorar el sabor. Todavía con una ginegra rosda, pero con mi Martin" "Señor no le tolero que dude" "No dudo. Esto es un brazo minúsculo de un feto" "Un brazo parece, pero de un feto no. Los fetos no llevan manguitas" "Entonces de donde ha salido" "Como no sea del hielo" Sacaron el trozo que aun quedaba sin fundir del hielo milenario. En él se encontraba, sin su brazo casi todo el resto del hombrecito. Se fue al congelador y sacó la bolsa con el resto de hielo. Extendierpn los cubos por encima de la mesa y encontraron al menos diez hombrecitos más. Algunos iban armados. Vestían con pieles que parecían harapos "Como han mandado esto así" "La recolección ecológica tiene ocndiciones muy estrictas. No se pueden retirar los ressos. Es loque le da su valor" "Un Martini de enanito no debe tener precio" "Oiga. Quien podía sospechar que Liliput existiese y menos en un lugar tan apartado como Groenlandia" "¿Qué va a hacer. Llamar al juzgado que levante los cadáveres o a sanidad para control de plagas" "¿Usted que haría?" "Lo mismo que usted" "Quien va a reclamar a muertos de mil años y más tan pequeñitos" "Además esto cambiaría la historia" "A mis hijos ya les han cambiado la historia demasiadas veces" "Está claro que  sí"

"Usted de nuevo por aquí" "He tenido mucho trabajo, pero hoy me apetece relajarme. Y he decidido volver" "Todo bien" "Afortunadamente no pero por lo menos los libros de historia no han cambiado"

sábado, 21 de julio de 2018

LUNA EN MENGUANTE

A la luz de la luna todos los cuerpos son de plata. Las estelas en el mar se prolongan hasta el horizonte de un mar en calma. Bochorno. Una toalla recien comprada. Pasos descalzos. Silencio de olas que se extinguen. Luz de gatos. Graznidos de gaviotas. La arena se desliza entre los dedos. Los dedos se deslizan entre los dedos. Silencios complices con el roce de la brisa. Humedad. Dunas. La caseta del vigía sin vigía. Pasos profundos que se hunden en la arena. El lugar adecuado. Sonrisas. Un lugar para pasar una noche tórrida de verano. O unas horas. Se siente la brisa en cada pliegue en cada surco en cada promontorio. La laguna  de la salina es un espejo solo roto por peces que salen a la superfice salobre o las gaviotas que graznan y chapotean, pero nada ninadie rompe la intimidad del momento. El pudorosose deja la ropa en una duna. Ella se aparta para cumplir una necesidad íntima. El se tumba. Se relaja. Está bien, tranquilo y relajado después de unos días de angustia. la zozobra de la sideas y venidas de ideas recurrentes y perseverantes no expresadas. Tranquilo. Un poco más y en un éxtasis apacible. EScucha las pisadas de ella que regresa. Cuando se acerca la abraza. "¿Qué hace?" "¿Cómo que qué hago? Hemos venido aquí juntos" "Le repito que quien es usted" "Soy yo. Tu cari" "Yo no le conozco a usted de nada. Suelteme" "Ya te suelto amor""No me llame así. Es usted un sátiro" " Supongo que esto es una broma" "No es ninguna broma. ¡Que no me toque!" "Perdón. NO es no . Te suelto. Ya lo he comprendido" "Mejor así" "Esto es ridículo" "Ridículo es que un desconocido se me abrace sin conocerme" "Repito.Esto es ridículo. Absurdo. Pensemos. Estamos a un kilómetro o más del puerto. NO hay nadie más en las dunas. Un hombre y una mujer desnudos""Eso no le da derecho a nada" "No me da derecho a nada. Por supuesto. NO es no. Pero fíjate que aquí hay una toalla que hemos compradode cmaino en un chino. Ese montón de ahi son tus zapatos y tu ropa y ese otro montón contiene la mía" "Eso es lo que no comprendo"" ¿El qué?" "¿Qué hace usted con mi ropa?" "Está exactamente donde tú la has dejado" "Eso no es cierto""Me estoy poniendomuy nervioso. LLevo unos días muy malos. Lo sabes perfectamente" "Me está asustando. No se altere por favor"" Lo siento. No pretendía asustarme" "¿Puedo irme entonces?" "Claro que puedes irte, pero venir hemos venido juntos" "No insita" "No insitiré más. Puedes irte. Ten tu ropa" "Apartese de mi ropa. No vuelva a tocarla" "Está bien vete" "Gracias. Si no me sigue olvidaré lo que ha ocurrido" "Pero si no ha ocurrido nada" "Adiós" ël se da la vuelta. Se acuesta. Siente frío. NO se atreve ni a mirar. Si ella se vuelve puede denunciarle a la Guardia Cicl en el puerto. Si le denuncia estará perdido. Aunque asumieran que ella venía con él, eso no garantiza nada,el abuso o el intento de violación o lo que se le ocurriera sería lo mismo.No va a mirar. Se acuesta en la toalla que se da cuenta que es muy áspera. La arena prensada está muy dura. Los granos se le meten por todos los pliegues y le están irritando la piel. Intenta dormir pero no puede. Cuando han pasado quince minutos o tal vez media hora. se levanta. Enrolla la toalla debajo del brazo. Se viste menos los zapatos y sale por la orilla. En la explanada junto al puerto está su coche. Junto a él en el lado del copiloto una mujer apoyada. Reconoce el vuelo del vestido. Se para. No sabe que hacer. Separa aunque es su coche. Ella lo mira. Agita la mano sobre la cabeza y le llama para que venga. "Cariño. Has tardado mucho. ¿POr qué llevas esa cara?"

viernes, 20 de julio de 2018

LA ALMOHADA

"¿Adonde vas con esa almohada?" "Voy a tirarla. No ves que está muy vieja. No se puede guardar todo" "Todo no, pero esa almohada sí" "No sé porqué tenía que darle un trato diferente" "Porque es mía" "Antes fue mía. Soy tu hermana mayor. Tú solo has usado lo que yo he ido dejando" "Si hablamos de ropa sí" "¡Qué insinúas!" "Me remito solo a un hecho, yo usaba la ropa que tú ibas dejando, sólo la ropa, e incluso la ropa, vieja y raída la lucía yo más que tú. Eso es otro hecho" "Siempre fuiste una borde" "A la hermana pequeña no le quedó otro remedio serlo. Tú siempre estabas mala, siempre llorabas y gritabas, y si no, al suelo a patalear. Me tuviste envidia desde que nací" "Mamá me abandonó cuando tú naciste. Solo te atendía a ti, la pequeñita, tan mona, tan delicada, y yo sola, solo si enfermaba me miraban" "Enfermabas continuamente" "Mi salud se resintió por tu culpa" "Enfermabas porque querías y mamá cayó en tus redes""Primero cayó en las tuyas" "YO acababa de nacer no me di cuenta de nada. Estuve a punto de morir en el parto" "Ojalá lo hubieras hecho" "¿Cómo puedes decir eso? Me vas a hacer llorar" "De rabia" "Ves. Ya estoy llorando" "Llora. Ya lloré yo por ti. Y mamá, cuando se marchó papá porque no te soportaba. Nadie te aguantaba. Siempre has estado sola. Siempre lo estuviste y siempre lo estarás" "¿Qué quieres?, Que no deje de llorar? Y tú al revés , siempre rodeada de gente, pero eras una cizaña. Los grupos donde entrabas explosionaban hechos añicos. Y mira que se lo advertía. Mira que les insitía. Llevad cuidado . Llevad cuidado que os destroza" "Mi propia hermana. Te parece bonito malmeter contra mi. Eras tu quien predisponía a la gente contra mí. Si tu propia hermana te critica , previene contra ti qué puedes hacer ya. Pero siempre me aceptaban. Siempre. Y tú sola mendigando compañía para tomar un helado" "Déjame pasar . Esta almohada apesta" "Huele bien" "No puede oler bien porque huele a ti" "ERes muy desagradable. Dámela. NO la tires. Son muchos recuerdos e incluso en los tristes recuerdo  con ella consuelo" "No la voy a tirar. la voy a quemar para desinfectarla de ti" "No lo vas a hacer" "Sí" "Si lo haces te mataré y te quemaré  a ti con ella" "Déjame. Es mía" "Dámela no la vas a destruir"

La tela vieja se desgarró. Cientos de plumas blancas se dispersaron entorno a ellas semejando una nevada. Instintivamente alargaron las manos intentando atrapar unos objetos tan efímeros. Imposible al cerrar se impulsaban y ascendían aun más. Dejaron de intentarlo, el viento dispersó las plumas, la almohada destrozada quedó en el suelo. La mayor la removió con la punta del pie.La menor intentó agrupar las pocas que cayeron en el jardín de la casa.

"Toma. Ya no me interesa. Tú la has roto. Te la regalo" "No he sido yo, si la hubieses dejado en su sitio no habría pasado nada. Yo la arreglaré" Y lo hizo. Zurció el agujero. La rellenó de plumas de ave. y durante un tiempo la usó para dormir hasta que se cansó, redecoró la casa y la dejó en la basura. Cuando lo hizo, su hermana la vio y bajó al contenedor a recogerla. Aunque la escondió, en alguna noche melancólica recurrió a ella.

miércoles, 18 de julio de 2018

TU REFLEJO.

Directo de la cama al váter. Espera. La llamada llega, apenas un valsalva y siente un vacío. Mira el pocillo de la taza. Todo bien. NI sangre ni heces negras ni parásitos. Tira del pomo de la cisterna y una cascada lo arrastra cañería abajo. Aun sigue sentado. Un poco. Remolonea antes de seguir con el segundo eslabón, el afeitado. Rutinas de cada mañana. Se levanta el pantalón del pijama. el torso desnudo de fofisano. Mete la cabeza en el lavabo. Abre el grifo. El agua cae a chorro.Mete la cabeza.El flequillo empapado cuelga pro delante del rostro. Se levanta con lo s ojos cerrados. Se envuelve la cabeza con la toalla. Se seca la frente. Abre los ojos y se encuentra un espejo vacío. El espejo refleja la pared a su espalda Parpadea. Se gira, se mueve. Gesticula. Silencio visual del reflejo. ¿Qué pasa? Su rutina le ha fallado. Se ha levantado a la hora de siempre, ha ido al baño sin ganas de cagar y ha cagado, ha revisado sus heces, se ha levantado, se ha mojado la cabeza, ha sentido su flequillo que lo tiene enamorado, ha abierto los ojos y encuentra esto. Y su rutina. Suda. O siente que suda porque no lo ve en el espejo. Él si se ve pero no en el espejo. Verse lo tranquiliza, pero no sabe a qué dar más importancia, a sus sentidos o a los principios de la óptica que deberían devolverle su imagen. No es una pesadilla, no hay pesadillas con olores y en el baño aun huele de cuando se ha aliviado. Un vampiro no puede haberle mordido durante la noche porque tiene aun el crucifijo que le regaló su abuela bendecido con agua del Jordán. Debe ser algo distinto, pero igualmente inexplicable. Se peina como si se viese, en realidad son movimiento automáticos. Se lava los dientes con los ojos cerrados, no soporta ver el hueco donde debería estar. Debe hacer un último intento. El tocador de ella  a la derecha. Un espejo pequeño. Podría tratarse de una broma, un cristal tratado. Toma el espejo y se mira. Pero no se ve. Se pone de espaldas  e intenta mirar el reflejo de su espalda en el espejo grande. Nada. Para el espejo su materia es indiferente. ¿Y en el resto de la casa?.¿Y en el resto del mundo? ¿Qué ocurrirá fuera del baño que lo ignora? Abre la puerta. Camina con sigilo el pasillo corto que le lleva en la alcoba a su cama. Cuatro pasos cortos y se para. Mira a la cama de la que ha salido su pareja dormida acurrucada en el lado derecho de la cama con los hombros y un pecho fuera de la sábana, tal y como la ha dejado. Pero al lado hay alguien. Hay alguien. Ya. No ha salido ni diez minutos y ya lo han sustituido. Se enfada y mucho. Tiene ganas de gritar, pero en una situación tan aberrante en que ha perdido su reflejo debe ser prudente, nada de golpes ni de gritos ni de escándalos. Se acerca sigiloso. Es un hombre corpulento con el pelo largo acostado de lado con la mano extendida a su pareja. Se acerca. Ese hombre es él.  Uno no puede verse a si mismo. Quizás en un deja vu puede tener la sensación absoluta de haberse visto, pero nunca en el mismo momento del tiempo. Es él . Sabe que es él. Huele como él. Se mueve como él. Ronca y respira como él lo hace. Le roza el hombro y se mueve. Mira al frente y no lo ve. Busca el reflejo doble de su rostro en los iris de sí mismo y no lo encuentra. Un viaje astral. Se ve a si mismo desde fuera. Ha abandonado su cuerpo para ir al baño, por eso no tiene reflejo, pero ahora quiere regresar y no puede. Se sienta en la butaca de la esquina. Ve pasar el tiempo. El despertador en la mesilla. Lo atrasa media hora y espera. Atento. A la hora prevista parpadea. Vibra. El hombre que hay en la cama que debe ser él se sienta en la cama, bosteza y se lleva la mano a la boca como ha hecho él al levantarse. Se levanta y se dirige al baño para seguir sus rutinas. Le mira pero no lo ve. Se dirige al baño para repetir las rutinas que él también ha hecho , cuando cierra la puerta y escucha la cadena del váter se acuesta. Echa la mano sobre su compañera. Coge el despertador. Lo atrasa y lo oculta debajo de la almohada. Aun quedan diez minutos para que suene.

EL DETECTOR DE METALES.

Al caer la tarde, cuando se ponía el sol bajaba a la playa, aun quedaban bañistas en la arena. Era su momento. Después los tractores lo removerían todo. Enchufaba el aparato al la batería, se colocaba los auriculares y escuchaba el pitido cuya frecuencia aumentaba hasta hacerse chirriante en presencia de algún metal. Sabía que la gente lo miraba desde el chiringuito. Un cuerpo como el suyo, grande con una papada que borraba la barbilla y la barriga que convertía la camiseta en un toldo, no era fácil que pasara desapercibido. Se le había unido un niño de dos años en su búsqueda. La tarde por lo demás había sido triste. La frecuencia aumentó en dos ocasiones con sendas monedas de un céntimo de euro.Poco. La gente no se bajaba nada a la playa, las neveras eran un ruina. Nadie bajaba anillos o pulseras, y menos con los cierres gastados. Céntimos. Y cada vez que se agachaba a cogerlo del suelo miraba los graderíos del paseo por si era una burla, pero lo recogía siempre,  nadie debía dudar de su tesón y su profesionalidad. Estaba terminando su batida por la playa del conde,.Cuando cerca del lavapiés, la máquina se volvió loca, pitaba, vibraba y la aguja que señalaba las escalas no paraba de oscilar. Nunca había visto una intensidad así. Al estar tan cerca del lavapiés temió que se tratara de algún componente o una tubería. Algo tan enorme podía ser una bomba olvidada del alguna guerra, o un cañón varado de un galeón. Nunca había encontrado en los años de escrutinio algo así. Estaba empezando a emocionarse, aunque estaba demasiado acostumbrado a las decepciones, algo tan bueno no podía ocurrirle a alguien como él. Pero el sonido estaba ahí, las vibraciones y la aguja enloquecida. También. disimuló para no dar pistas y comenzó a mover la arena de la playa con la punta del dedo. Sintió un tacto metálico. Había algo, no era un artefacto y no parecía el hormigón o el plástico de una tubería. Miró de nuevo. Nadie. Se agachó y liberó un cable. Desenterró dos o tres metros. Estaba tan tenso que pensó que podía tratarse de un cable de alta tensión. El cable seguía en un sentido y en otro. No veía el final de los bordes. Decidió tirar. El hierro es un metal caro. No era un hallazgo para un anticuario pero podía obtener una propina que le resolviese la cena. Era muy firme. Por un momento creyó que se había movido de uno de los lados, pero volvió a mirar , midió , comprobó y se desilusionó. Estaba cansado y las  axilas empapadas de sudor con el esfuerzo. Mejor marcharse a casa. Cenar. Ducharse. Una cerveza tranquila y a la cama. Pero no solía rendirse. Había tirado. Quizás no era ese el mecanismo que permitía movilizarlo. Su jefe le decía que tomara distancia, si las cosas no funcionaban, que se alejase o se imaginase desde fuera antes del volver a actuar. Tomó distancia, pensó y en lugar de tirar aplicó un giro lateral sobre la cuerda. Los  dos primeros empujones no consiguieron nada, pero en el siguiente giro se escuchó un click y el alambre o el cable giró.Ahora sí, primero centímetros y después casi un metro. Lo estaba consiguiendo y parecía que había mucho más debajo del suelo del jardín. Dio  un tirón seco. EScuchó un crujido indescriptible y el mundo a su alrededor se hundió. Literalmente, la ciudad y el cabo colapsaron. A lo lejos incendios , la mezcla de polvo y humo ensombrecía el horizonte. Había sido él. No sabía como había colapsado media ciudad. Ese fragmento de mundo, previsto o no, coordinado o no, no volvería a ser igual.y si seguíA tirando estaba seguro que el fin del mundo comenzaría. Dejó el cable en el suelo. Miró alrededor y se marchó sin despedirse. NO hubo muertos, cuando volvió al día siguiente el cable había desaparecido